miércoles, 2 de noviembre de 2016

Las Vidas Negras Importan (Elhadji Ndiaye)


Convocados por la Comunidad senegalesa, el Dahira Subulu Salam Wa Touba y el Movimiento Panafricano de Bilbao se ha realizado una manifestación este miércoles 2 de noviembre a las 18:00hrs. para denunciar y pedir esclarecimiento sobre la muerte del vecino natural de Senegal, Elhadji Ndiaye, muerto en mano de la policía española  en una comisaría de Pamplona.

Personas que presenciaron la detención de Elhadji Ndiaye, muerto el martes en la comisaría de la Policía Nacional española en Iruñea, aseguran a GARA que se lo llevaron de Arrotxapea en estado inconsciente, lo que contradice la versión policial. Un vídeo difundido en NAIZ muestra a seis agentes encima de Ndiaye, ya reducido.

Se llamaba Elhadji Ndiaye, según aseguraron ayer a GARA conocidos de la persona muerta el pasado martes bajo custodia policial en Iruñea. Sobre su detención en la calle Marcelo Zelaieta y su posterior traslado a la comisaría de la Policía Nacional española hay diversas versiones. El relato policial reproducido hasta hoy asegura que, tras resistirse duramente a su detención, Ndiaye fue reducido y trasladado a comisaría, donde en un momento dado un policía se habría dado cuenta de que el arrestado no respiraba. Sin embargo, dos testigos que presenciaron en directo la detención y que prefieren mantener el anonimato aseguraron a este periódico que la Policía se llevó al detenido ya inconsciente.

Explican que dos agentes de paisano dieron el alto a Ndiaye, que iba en moto y que preguntó por qué lo paraban. «El policía insistía en que se identificase y el chico respondía que por qué lo tenía que hacer», relata uno de los testigos, quien añade que la tensión creció hasta llegar a las manos. Confirma que Ndiaye se resistió fuertemente y que los tres acabaron en el suelo. 

La versión policial recogida por la prensa dice que una vez en el coche se mostró menos agresivo. La versión de los dos testigos es otra: «Cuando llegaron los otros agentes lo inmovilizaron en el suelo sin problema. Durante un rato pudimos oír los gritos de dolor del chico, pero de repente, en un momento, se calló. Cuando lo subieron al coche estaba ya inconsciente, como muerto».

Sin ser igual, la versión encaja con el relato recogido en estas páginas el miércoles, en el que se explicó que cinco agentes levantaron a pulso al detenido para llevarlo al coche. En un vídeo para nada concluyente que difundió NAIZ, se puede ver el instante en el que seis agentes tienen reducido a Ndiaye. También se escuchan, en cierto momento, sus gritos.

Aunque todos los testigos consultados en los dos últimos días coinciden en señalar la fuerza con la que Ndiaye se resistió a la detención, ninguna se atreve a confirmar si actuó bajo el efecto de estupefacientes, tal y como se insinúa desde la Policía. GARA pudo hablar con otras dos personas que, pese a no presenciar el arresto, estuvieron con Ndiaye poco antes de que se produjera el fatal suceso. Ambas señalaron, cada una por su lado, que lo vieron «normal», «tranquilo» y «contento».

La noticia de la muerte de Elhadji Ndiaye ha dejado en estado de shock a los vecinos del barrio iruindarra de Arrotxapea que trataron con él durante los últimos meses. Este breve relato se construye con lo explicado ayer por varios de ellos a GARA. Todos prefieren no dar su nombre.

Residente previamente en Zaragoza, llegó al barrio, como tarde, entre mayo y junio de este año, según explican. Era mecánico, trabajó un tiempo en un desguace hasta que le contrataron en un taller, del que se marchó «porque no le pagaban lo que valía su trabajo». Antes, una vecina le ayudó en la elaboración del currículum, a cambio de lo cual le arregló el coche. 

Últimamente se dedicaba a comprar y recolectar piezas de automóviles en buen estado, con la intención de llevarlas a Senegal y conseguir algunos ingresos. «A mí me puede faltar de todo, pero a mi madre que no le falte nada», decía cuando enviaba, religiosamente, algo de dinero a Senegal. Era hijo único, según expone uno de sus conocidos, y siempre que podía decía que su ilusión era volver a casa y montar un negocio propio.

Los que lo conocieron lo presentan como una persona «normal», «simpática», «con energía», a la que le gustaba divertirse. El viernes, sin ir más lejos, estuvo en el casco viejo antes de acabar en el Zentral. El martes, según explican, estaba con un amigo que venía a Iruñea de visita. Pidió una moto para ir a la Milagrosa a arreglar el coche de su amigo. Quienes lo vieron entonces aseguran que no observaron nada raro en él. Poco después ocurrió el fatal desenlace. «No sé si iba drogado o no, no tengo ni idea. Pero lo que quiero saber es por qué lo pararon. ¿Por qué era un negro en moto?».

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